EL MUNDO DE LOS ESPÍRITUS Y EL ESTADO DEL HOMBRE DESPUÉS DE LA MUERTE
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Después de la muerte el hombre posee todos los sentidos, toda la memoria, pensamiento y afección que tuvo en el mundo, no dejando nada tras de si, sino su cuerpo terrenal
461. Que, el hombre, cuando
pasa del mundo terrenal al mundo espiritual, lo cual hace al morir,
lleva consigo todo lo suyo, es decir, todo lo que pertenece a su ser
humano, con excepción de su cuerpo terrenal, me ha sido probado por
mucha experiencia.
Porque el hombre, cuando pasa al mundo espiritual o a la vida después de
la muerte, se halla en un cuerpo como en el mundo. Aparentemente no hay
diferencia, puesto que no siente ni ve diferencia alguna, pero su cuerpo
es espiritual, por consiguiente separado de las cosas terrestres o sea
purificado, y cuando lo espiritual toca y ve lo espiritual, es
exactamente como cuando lo natural toca y ve lo natural.
Por eso el hombre cuando pasa a ser espíritu no sabe sino que se
halla en su cuerpo en: el cual estaba en el mundo y por consiguiente no
sabe que ha fallecido. El
hombre-espíritu goza también de todo sentido externo e interno del cual
ha gozado en el mundo; ve como antes, oye y habla como antes; tiene
también olfato y gusto, y. al ser tocado siente por el tacto, como
antes; asimismo tiene deseos, anhela, ambiciona, piensa, quiere,
reflexiona, se aficiona, ama, quiere, como antes, y el que se complacía
en estudios lee y escribe como antes; en una palabra, cuando un hombre
pasa de esta vida a la otra, o de este mundo al otro, es como si pasara
de un lugar a otro lugar y lleva consigo todo cuanto como hombre posee
en sí mismo, de modo que no se puede decir que el hombre después de la
muerte, que es la del cuerpo terrenal, ha perdido algo de lo suyo. Lleva
consigo asimismo, la memoria natural, porque todo cuanto en el mundo
vio, oyó, leyó, aprendió, y pensó, desde la primera infancia hasta el
fin de la vida, lo retiene; pero no pudiendo las cosas naturales que
están en la memoria aparecer en el mundo espiritual, descansan, como
hacen cuando el hombre no piensa en ellas; pero son reproducidas siempre
y cuando al Señor place. De esta memoria y de su estado después de la
muerte se dirá más en lo que sigue. Que el estado del hombre después de
la muerte es tal, no lo puede creer el hombre sensual, puesto que no lo
concibe, porque el hombre sensual-externo no puede pensar más que
naturalmente, también acerca de las cosas espirituales, por lo cual dice
que las cosas que no siente, es decir, ve con los ojos de su cuerpo y
toca con las manos del mismo, no existen, como se lee de Tomás (Juan 20:
25, 27, 29). Cual y como es el hombre sensual-externo, se puede ver en
lo que antecede (n. 267 y allí en las notas B).
462 (Primero). La diferencia entre la vida del
hombre en el mundo espiritual y su vida en el mundo natural es sin embargo
grande, tanto con respecto a los sentidos exteriores y sus inclinaciones,
cuanto con respecto a los sentidos interiores y sus inclinaciones. Los que
están en el cielo sienten, es decir, ven y oyen mucho más exquisitamente y
también piensan más sabiamente, que cuando estaban en el mundo. Es que ven
por la luz del cielo, la cual en muchos grados excede la luz del mundo
(véase arriba, n. 126); oyen también espiritualmente o mediante la atmósfera
espiritual, la cual es igualmente mucho más excelente que la terrestre (n.
235). La diferencia entre sus sentidos externos es como la diferencia entre
serena claridad y oscuro nublado en el mundo, y como entre la luz del
mediodía y la sombra vespertina; porque la luz del cielo por ser la Divina
verdad, da a la vista de los ángeles la facultad de percibir y distinguir
las más mínimas cosas. Su vista exterior corresponde también a la vista
interior o al entendimiento, porque en los ángeles estas vistas influyen la
una en la otra, de manera que obran como una sola vista; de ahí que tengan
tan experta la vista; el oído corresponde asimismo a su percepción, la cual
pertenece tanto a la inteligencia cuanto a la voluntad; por esto perciben en
la voz y en las palabras del que habla, los más mínimos detalles de su
inclinación y pensamiento; en la voz, los que pertenecen a la inclinación, y
en las palabras los que pertenecen al pensamiento (véase arriba, n. 234 a
245). Pero los demás sentidos de los ángeles no son tan exquisitos como el
sentido de la vista y del oído, por la razón de que la vista y el oído
sirven a su entendimiento y sabiduría) pero no así los demás sentidos, los
cuales, si fueren igualmente exquisitos, quitarían el goce y la luz de su
sabiduría, y traerían el goce de las voluptuosidades, las cuales son propias
de varios apetitos y del cuerpo, y oscurecen y debilitan la inteligencia en
la medida en que son predominantes; lo cual también sucede con hombres en el
mundo, quienes son ofuscados y estúpidos en la medida en que se abandonan a
gustos y excitaciones carnales de su cuerpo. Que también los sentidos de los
ángeles del cielo, cuyos sentidos son sus pensamientos e inclinaciones, son
más exquisitos y perfectos que cuando estaban en el mundo, puede constar por
lo que queda dicho y expuesto en los artículos de la sabiduría de los
ángeles del cielo (n. 265-275). Por otra parte, en cuanto al estado de los
que están en el infierno, con relación con su estado en el mundo, la
diferencia es también grande; porque tan grande como es la perfección de los
sentidos exteriores e interiores de los ángeles que están en el cielo, tan
grande es la imperfección de los que están en el infierno; pero del estado
de estos últimos se tratará más adelante.
462 (Segundo). Que el hombre lleva consigo del
mundo toda su memoria me ha resultado manifiesto por mucha evidencia, y
referente a la misma he visto y oído varias cosas dignas de mención, algunas
de las cuales referiré en su orden. Había quienes negaban los crímenes y
actos viles que habían cometido en el mundo, por lo cual, a fin de que no se
creyere que fuesen inocentes, fue descubierto todo y sacado de su memoria
por su orden, desde su primera hasta su última edad. Eran principalmente
adulterios y' fornicaciones. Había quienes habían engañado a otros mediante
malas trabas y habían robado; sus mañas y sus robos fueron enumerados,
también unos tras otros, y muchos de ellos apenas fueron conocidos por
hombre alguno en el mundo, con excepción de ellos mismos. Los reconocían
también, porque fueron exhibidos como en clara luz, con todo pensamiento,
intención, goce, temor, los cuales entonces simultáneamente asaltaron sus
ánimos. Algunos habían admitido regalos a cambio de juicios favorables;
fueron examinados también desde su memoria y de ella fueron reproducidas
todas las cosas desde el principio de su oficio hasta su fin; todo detalle,
en cantidad y calidad, así como el tiempo, el estado de sus mentes e
intención, cuyas cosas fueron simultáneamente introducidas en su recuerdo y
exhibidas ante la vista y eran varios centenares. Esto se hizo con algunos—y
cosa extraña—hasta sus libros-memoriales, en que escribieron tales cosas,
fueron abiertos y leídos ante ellos, página por página. Otros habían
seducido a vírgenes y violado la castidad, y fueron igualmente llamados a
juicio, sacándose y recitándose de su memoria cada mínima cosa; los rostros
mismos de las mujeres y vírgenes, así como los lugares, la conversación y
los ánimos, aparecieron presentes, y tan súbitamente, como cuando un objeto
es presentado delante de los ojos. Las manifestaciones duraron a veces
horas. Hubo uno que en nada consideraba infamar a otros; oí las infamaciones
repetidas por su orden y asimismo las maledicencias con las mismas palabras
que empleó; y las personas, de las cuales y delante de quienes fueron
dichas; cuyas cosas fueron reproducidas simultáneamente y exhibidas dé viva
manera; a pesar de que el individuo había ocultado cuidadosamente todo
particular, mientras que vivía en el mundo. Hubo una persona que había
despojado a un pariente de su herencia bajo pretexto falso; este fue
asimismo convicto y juzgado—y cosa extraña—las cartas y los billetes que se
habían pasado fueron leídos delante de mí y se dijo que no faltaba ni una
palabra. El mismo había también poco antes de su muerte matado con veneno a
un vecino suyo. Esto fue descubierto de la siguiente manera: le vieron cavar
un foso debajo de sus pies, y cuando lo hubo cavado, salió del mismo un
hombre como de una tumba, el cual, dirigiéndose al primero, exclamó "¿Que
has hecho?" Entonces se descubrió todo; como el envenenador le había hablado
con mascara dé amigo, presentándole la copa, así como lo que anteriormente
había pensado y lo que luego sucedió; después de descubrirse estas cosas fue
juzgado y condenado al infierno. En una palabra, todas las maldades, malos
hechos, robos, trabas, engaños, se descubren en un espíritu malo, y se sacan
de su misma memoria; no es posible negar, puesto que todas las
circunstancias aparecen a un mismo tiempo. He oído por la memoria de uno,
vista y examinada por los ángeles, lo que había pensado durante un mes, día
por día, sin error, siendo los detalles evocados, tales cuales pasaron en
él, aquellos días. Por estos ejemplos puede constar que el hombre lleva
consigo toda su memoria, y que nada es tan oculto en el mundo que no pueda
ser descubierto, después de la muerte; y esto en presencia de varios según
dijo el Señor con estas palabras:
Porque nada hay encubierto que no haya de ser
descubierto, ni oculto que no haya de ser sabido. Por tanto, las cosas que
dijisteis en tinieblas, a la luz serán oídas, y lo que hablasteis al oído en
las cámaras, será pregonado en los terrados (Lucas 12: 2, 3).
463. Cuando a un hombre le descubren sus actos
después de la muerte, los ángeles encargados de examinarle, escudriñan su
rostro, y la investigación prosigue por todo el cuerpo; empezando por los
dedos de una y otra mano, extendiéndose sucesivamente por todo el cuerpo.
Extrañándome esto, me fue explicada la causa. Era que los mínimos detalles
del pensamiento y de la voluntad que se hallan inscritos en el cerebro, por
hallarse allí en sus principios, están también inscritos en todo el cuerpo,
puesto que todas las cosas del pensamiento y de la voluntad penetran en éste
desde sus principios, y terminan allí en sus últimos límites. Así es que las
cosas que están inscritas en su memoria, procedentes de su voluntad y por
consiguiente del pensamiento, se hallan inscritas no tan sólo en el cerebro,
sino también en todo el hombre, y existen en él, por su orden conforme el
orden de cada particular del cuerpo. De ahí ha resultado claro que el hombre
en su totalidad es tal cual es en su voluntad y por consiguiente su
pensamiento, y hasta tal punto que un hombre malo es su mal, y un hombre
bueno es su bien.1 Por esto también puede ser claro lo que se entiende por
el libro de vida del hombre, del cual se habla en el Verbo, es decir que
todos los actos y pensamientos están inscritos en el hombre entero, y es
como si fueren leídos en un libro, cuando son evocados en la memoria, y como
si fueren vistos en una imagen, cuando el espíritu es contemplado en la luz
del cielo. a esto solo añadiré una cosa digna de observación, referente a la
memoria que permanece con el hombre después de la muerte, por cuya cosa, me
he convencido de que permanecen no sólo las cosas comunes, sino también los
más mínimos detalles, y que nunca se borran. Me aparecieron libros con
escrituras en ellos, como en el mundo, y se me informó que procedían de la
memoria de los que los habían escrito, y que en ellos no faltaba ni una sola
palabra de las que estaban en el libro escrito por ellos en el mundo, y que
así pueden sacarse de la memoria de otro los más mínimos detalles, hasta los
que el mismo, en el mundo había olvidado. La causa se reveló también; y era
que el hombre tiene una memoria exterior y otra interior, una externa que
pertenece a su hombre natural, y otra interna que pertenece a su hombre
espiritual, y que todas las cosas que el hombre ha pensado, querido,
hablado, hecho, hasta las que ha oído y visto están inscritas en su memoria
interior o espiritual. Y las cosas que están allí nunca se borran, siendo
así que también se hallan inscritas en el espíritu mismo y en las diferentes
partes de su cuerpo, como se ha dicho arriba, y que así el espíritu está
formado con arreglo a los pensamientos y actos de su voluntad. Sé que estas
cosas parecerán paradojas y que por ello apenas serán creídas, pero son, sin
embargo, exactas. Por lo tanto no crea el hombre que quede escondida cosa
alguna que el hombre ha pensado en sí mismo y hecho en secreto, después de
su muerte; sino crea que todo y cada mínimo detalle entonces aparecerá
manifiesto como en pleno día.
464. Por más que la memoria externa o natural
continua en el hombre después de la muerte, las cosas puramente naturales
que hay en ella no son, sin embargo, reproducidas en la otra vida, sino tan
solo las espirituales, que mediante correspondencias se hallan unidas a las
naturales, cuyas cosas espirituales al ser presentadas delante de los ojos,
aparecen no obstante en una forma exactamente igual a la que tenían en el
mundo natural, porque todas las cosas, que aparecen en el cielo, aparecen en
igual forma que en el mundo, por más que en su esencia no son naturales sino
espirituales, según puede verse expuesto en el artículo de Representaciones
y Apariencias en el Cielo (n. 170-176). Pero la memoria externa o natural
por cuanto hay en ella cosas que tienen algo en sí de material, así como de
tiempo y de espacio, y de las demás cosas que son propias de la naturaleza,
no sirve al espíritu para el uso al cual le servía en el mundo, viendo que
el hombre en el mundo cuando pensaba desde lo sensual-externo y no al mismo
tiempo desde lo sensual-interno o intelectual, pensaba de una manera natural
y no espiritual; mientras que en la otra vida, en la cual es un espíritu en
el mundo espiritual, no piensa de una manera natural, sino espiritualmente.
Pensar espiritualmente es pensar intelectual o racionalmente. De ahí viene
que la memoria natural o externa entonces reposa con respecto a las cosas
que son materiales, y entran en uso solamente las que el hombre por medio de
ellas ha adquirido y hecho racionales en el mundo. La causa de que la
memoria externa reposa con respecto a las cosas que son materiales es que no
pueden ser reproducidas; porque los ángeles y los espíritus hablan desde las
inclinaciones y los consiguientes pensamientos que pertenecen a su mente,
por cuya razón no pueden pronunciar las cosas que no concuerdan con estos,
según puede constar por lo que se ha dicho acerca del habla de los ángeles
en el cielo, y de su habla con el hombre (n. 234-257). Por esto es que,
cuanto el hombre en el mundo ha llegado a ser racional por medio de idiomas
y saberes, tanto es racional después de la muerte, y no en la medida de sus
idiomas y saberes. He hablado con algunos quienes se creían sabios por
conocer los idiomas antiguos, como el hebreo, el griego y el latín, y no
habiendo educado su razón mediante lo que en estos idiomas se ha escrito, y
algunos de ellos parecían tan simples, como los que nada conocieron de esas
lenguas, algunos estúpidos, permaneciendo, sin embargo, con el orgullo, como
si fueren más sabios que otros. He hablado con algunos quienes creían que el
hombre es sabio en la medida de la capacidad de su memoria, y que también
habían enriquecido su memoria con muchas cosas, habiendo hablado casi
exclusivamente por esta, y en casi nada perfeccionado su facultad racional.
Algunos de ellos eran estúpidos, algunos fatuos; nada comprendían de la
verdad si era o no era verdad, y acogían todas las falsedades por los que se
llaman eruditos, como si fuesen verdades; porque no pueden en manera alguna
ver por sí mismos si es así o no es así, por consiguiente no pueden ver cosa
alguna de una manera racional, oyéndola de otros. Asimismo he hablado con
muchos quienes en el mundo habían escrito muchas cosas y precisamente de
ciencias de todo género, y quienes por ello tenían fama de eruditos en una
gran parte del mundo. Algunos de ellos podían raciocinar de las verdades, si
eran o no eran verdades; otros, cuando se volvían hacia los que estaban en
la luz de la verdad, entendían que eran verdades, pero, sin embargo, no
querían entenderlas, por lo cual las negaban; cuando se hallaban en sus
falsedades y por consiguiente en sí mismos, algunos de ellos no eran más
sabios que la ignorante multitud; por consiguiente unos diferentemente de
otros, según y conforme habían desarrollado su facultad racional, mediante
las cosas científicas que habían escrito o copiado. Por otra parte, los que
habían sido contrarios a las verdades de la iglesia, y pensado desde las
cosas científicas, confirmándose por ellas en falsedades, no habían educado
su facultad racional sino tan sólo la facultad de raciocinar, cuya facultad
en el mundo se toma por racionalidad, pero es una facultad aparte de la
racionalidad, siendo una facultad de confirmar cualquier cosa que se quiere,
y desde adoptados principios y falacias, ver falsedades y no verdades,
siendo así que las verdades no pueden ser vistas desde las falsedades, pero
las falsedades pueden ser vistas desde las verdades. La razón del hombre es
como un jardín, y como una huerta, y también como un terreno que empiezan a
cultivar. La memoria es la tierra, las verdades científicas y los
conocimientos son la simiente; la luz y el calor del cielo producen; sin
ellos no hay germinación. Así también sucede con la razón, si no son
admitidos la luz del cielo que es la Divina verdad, y el calor del cielo que
es el Divino amor. Sólo de ellos viene la razón. Los ángeles se lamentan en
alto grado de que una gran parte de los eruditos atribuyen todo a la
naturaleza, y que en consecuencia de esto han cerrado sus interiores que son
de su mente, hasta el punto de no poder ver verdad alguna por la luz de la
verdad que es la luz del cielo. En la otra vida son por lo tanto privados de
raciocinar, a fin de que no se diseminen falsedades por medio de raciocinios
entre los hombres simples buenos, seduciéndoles, y son enviados a lugares
desiertos.
465. Cierto espíritu sentía enojo por no acordarse
de ciertas cosas que había conocido en la vida del cuerpo, condoliéndose de
la perdida de este placer, en el cual se había complacido en alto grado:
pero se le dijo que nada absolutamente había perdido y que sabía todo y cada
cosa en particular; que en el mundo donde ahora se hallaba, no le era
permitido sacar a luz tales cosas, y que bastaba ahora poder hablar y pensar
con más perfección y mucho mejor, no inmergiendo su racionalidad como antes,
con densas tinieblas, y cosas materiales y naturales que a nada sirven en el
reino donde había entrado ahora; que ahora tenía todo cuanto contribuyese a
la comodidad dé la vida eterna, y que por consiguiente no podía ser dichoso
y feliz de otra manera. Así es que es propio de la ignorancia, creer que en
ese reino se pierde la inteligencia, con el despojo o el reposo de las cosas
naturales o materiales que están en la memoria, siendo al contrario así, que
a medida que la mente puede ser alejada de las cosas sensuales del hombre
externo o del cuerpo, más se eleva a las cosas espirituales y celestiales.
466. Cuales y como son las memorias es a veces
manifestado a la vista en la otra vida, en formas que sólo allí se
presentan. Se presentan allí ante la vista varias cosas que de otra manera
no se notan en los hombres sino como ideas. La memoria exterior se presenta
allí en apariencia como una membrana callosa, la interior como una sustancia
medulosa, tal como existe en el cerebro humano; por ello es dado a conocer
también tales y como son. La callosidad de los que en el mundo se han
cuidado solamente de la memoria, omitiendo por consiguiente el educar su
racionalidad, se presenta dura en la parte interior y aparentemente llena de
tendones; en los que han llenado la memoria con falsedades aparece peluda y
áspera, cuyo aspecto tiene por el amontonamiento desordenado de las cosas.
En los que cultivaron la memoria a causa del amor a sí mismo y al mundo
aparece conglutinada y osificada. En los qué han querido penetrar en los
arcanos Divinos, por medio de cosas científicas, sobre todo filosóficas, y
no creer hasta ser persuadidos por estas, aparece la memoria tenebrosa,
siendo la tenebrosidad de tal naturaleza que absorbe los rayos de luz y los
convierte en tinieblas. En los que han sido hipócritas y engañosos aparece
dura y osificada como el marfil, que refleja los rayos de la luz. Por otra
parte, en los que han estado en el bien del amor y en las verdades de la fe,
no aparece tal callosidad, por trasmitir su memoria interior los rayos de la
luz a la exterior, en cuyos objetos o ideas terminan los rayos como en su
base, o como en su tierra, encontrando allí gratos receptáculos, porque la
memoria exterior es lo último del orden, en la cual las cosas celestiales y
espirituales son suavemente limitadas, y residen, cuando hay allí bienes y
verdades.
467. Los hombres que se hallan en amor al Señor y
en amor al prójimo tienen, mientras que viven en el mundo, consigo y en sí,
una inteligencia y sabiduría angelical, pero escondida en lo más íntimo de
su memoria interior, cuya inteligencia y sabiduría jamás pueden notar, hasta
dejar su vestidura corporal. La memoria natural queda entonces adormecida,
despertándose ellos con respeto a la memoria interior, y entrando desde esta
sucesivamente en la memoria angélica misma.
468. De que modo la racionalidad puede ser también
educada, se dirá en pocas palabras.
La verdadera racionalidad consiste de verdades y no de falsedades; la
que consiste de falsedades no es racionalidad. Las verdades son de triple
naturaleza, son civiles, morales y espirituales. Las verdades civiles se
refieren a las cosas judiciales y gubernativas en los reinos, en general a
las que allí se refieren a la justicia y a la equidad; las verdades morales
se refieren a las cosas propias de la vida de cada hombre, con respeto a las
sociedades y a los tratos en general, a la sinceridad y a la rectitud, y
especialmente a toda clase de virtudes; pero las verdades espirituales se
refieren a las cosas que pertenecen al cielo y a la iglesia, en general al
bien que es del amor, y a la verdad que es de la fe. Hay tres grados de vida
en cada hombre (véase arriba n. 267). La racionalidad se abre al primer
grado por medio de verdades civiles; al segundo grado, por medio de verdades
morales, y al tercer grado por medio de verdades espirituales. Pero es de
notar que la racionalidad que viene de ellas no es formada ni abierta por
eso de que el hombre las conoce, sino por vivir conforme a ellas, y por
vivir conforme a ellas se entiende, amarlas por inclinación espiritual; y
amarlas por inclinación espiritual es amar lo justo y lo equitativo por ser
justo y equitativo; a lo sincero y recto, por ser recto y sincero, al bien y
a la verdad, por ser el bien y la verdad; pero vivir según ellas y amarlas
por inclinación corporal es amarlas por causa de sí mismo, de su fama, honor
o lucro, por lo cual, en cuanto el hombre ama aquellas cosas por inclinación
corporal, no llega a ser racional, porque no las ama, sino ama a sí mismo,
sirviéndole las verdades, como los criados sirven a sus amos; y cuando las
verdades son reducidas a ser servidumbre, no entran en el hombre, ni abren
grado alguno de su vida, ni siquiera el primero, residiendo en la memoria
como cosas de saberes bajo formas materiales, y allí se unen con el egoísmo,
que es un amor corporal. Por esto puede ser claro de que manera el hombre
llega a ser racional, es decir que llega a serlo al tercer grado, por medio
de amor espiritual al bien y a la verdad, que son del cielo y la iglesia; al
segundo grado por medio de amor a la sinceridad y a la rectitud, y al primer
grado por medio de amor a la justicia y a la equidad; estos últimos dos
amores se vuelven igualmente espirituales por virtud del amor espiritual al
bien y a la verdad, puesto que este influye en aquellos, se une a ellos y
forma en ellos como si dijéramos sus semblantes.
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